El tipo de cabello también influye mucho. El cabello rizado o encrespado, por ejemplo, se beneficia del sebo natural para mantenerse flexible e hidratado; por lo tanto, un simple lavado semanal puede ser más que suficiente. En cambio, el cabello fino y liso tiende a engrasarse con mayor facilidad. Quienes tienen este tipo de cabello pueden optar por lavarlo con más frecuencia sin temor a dañarlo.

Deporte, trabajo y clima: factores que cambian las reglas del juego.
Tu rutina diaria también influye. Si vas al gimnasio con regularidad o trabajas en un ambiente sucio o polvoriento, ducharte a diario es fundamental para eliminar el sudor y prevenir la irritación. Las estaciones del año también tienen un impacto: en verano, con su calor sofocante, puede ser necesario ducharse con más frecuencia. En invierno, con su aire seco y frío, la barrera cutánea se debilita; por lo tanto, es mejor espaciar las duchas para evitar la tirantez y el picor.