Todos tenemos hábitos de consumo de café muy arraigados. Esa cucharada de azúcar que añadimos automáticamente sin siquiera probarla. Y luego está esa persona que insiste: “El café de verdad es amargo”. Dan ganas de poner los ojos en blanco… y sin embargo, ¿y si, por una vez, esta frase escondera una verdad sensorial? Aquí no se trata de moralizar sobre el azúcar: simplemente hablamos del placer, los aromas y la experiencia gustativa del café sin azúcar.
Azúcar, esa falsa amiga que lo enmascara todo

Cuando el primer impulso es añadir azúcar, suele ser porque el café está demasiado amargo. Sin embargo, este amargor excesivo no es inevitable: generalmente es señal de un tueste excesivo o una extracción mal controlada. El azúcar, entonces, simplemente enmascara un defecto, en lugar de revelar la riqueza de la bebida.