Cedric creció tomando pastillas a diario para proteger su corazón. Pero a los veinte años, una intuición cada vez más fuerte hizo tambalear esa certeza: ¿y si toda su existencia se basaba en una mentira? La verdad, una vez revelada, destrozaría su mundo.
En su apacible hogar, bañado por la luz matutina, Emily se dedicaba a sus quehaceres con una devoción inquebrantable. El ritual diario parecía impregnado de ternura: preparar el desayuno, ordenar los frascos de pastillas, velar por su amado hijo. Para Cedric, era simplemente el orden natural de las cosas, un acto de amor convertido en rutina. Sin embargo, a los veinte años, una pregunta persistente comenzó a aflorar: ¿era esa protección una mera farsa? Como un prisionero que de repente encuentra la llave de su celda, Cedric decidió desentrañar el misterio en secreto.
